Published: November 22, 2018
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Lo primero que compruebo es el nombre del "amigo", pero parece ser un tal Hermann nosequé, que no pinta nada en esta historia. Thank you, next.

Lo que sí llama mi atención es que no deja de ser escalofriante que la escuela de Emil estuviera a pocos metros del cementerio donde sus restos reposarían para siempre. ¿Quién se lo podía imaginar?

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De hecho, ¿quién se podía imaginar que en verano de 1914 estallaría la peor guerra imanigable? A las pocas semanas, padre e hijos fueron llamados a filas.

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A Emil no se le ve muy feliz. Tuvo que interrumpir sus estudios en la Universidad de Múnich a la que había sido enviado. Y claro, a nadie le gusta que se le acabe el Erasmus porque los Imperios europeos han decidido aniquilarse entre sí.

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¿Y qué le pasó en la guerra? No lo sabemos. Lo único que dice la ficha de su foto es que fue herido en 1915 y trasladado al hospital militar de Sighisoara, donde murió unos meses después.

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Y nada más. En la sala no encuentro más información de Emil Muler. Y lo peor: tampoco de su amigo Xaver Sumer. De él no hay ni rastro.

Las preguntas sin respuesta se acumulan. ¿Quién era Xaver Sumer? ¿Se conocieron en la guerra o a su vuelta? ¿Por qué Emil no descansa con su familia en el mismo cementerio? ¿Por qué están enterrados juntos si no murieron a la vez?

Salgo del museo temiendo que nunca averiguaré la verdad de lo ocurrido, pero algo inesperado ocurre. Algo que arrojará luz sobre toda esta historia… pero eso mejor ya os lo cuento mañana, que me caigo de sueño.

Por fin tengo algo de tiempo y puedo retomar el hilo sobre el misterio que esconde la tumba de Emil Muler y Xaver Sumer, enterrados juntos en el cementerio alemán de Sighisoara (Rumanía) durante la I Guerra Mundial. Perdonad el retraso.

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Previously on #EmilyXaver: tras descubir que esa era la única tumba con dos cuerpos, me dirijo al Museo de la Ciudad, donde encuentro alguna información sobre la familia de Emil Muler, sus estudios en el instituto de la ciudad y su muerte en la Gran Guerra.

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Recorro todas las salas de la Torre del Reloj en la que se encuentra el museo buscando algo más. Mucha vitrina, mucha vasija y mucho cartelito, pero ningún rastro del compañero de tumba de Emil.

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Me encuentro en un callejón sin salida y con la cabeza llena de preguntas. ¿Quién era Xaver y qué conexión tenía con Emil? ¿Por qué Emil no descansa con su familia, que tiene un panteón en el mismo cementerio? ¿Por qué descansan juntos si sus muertes están separadas por un año?

Afortunadamente, la casualidad tenía que cruzarse en mi camino para abrirme la puerta que me llevaría a desvelar todas estas incógnitas.

Mi última oportunidad es el señor que vende las entradas del museo. Cuando empiezo a hablar con él, se me abre el cielo: ¡habla un inglés perfecto! Le enseño la foto de la tumba y lo que he descubierto sobre Emil.

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El señor no tiene ni idea de qué le estoy hablando. Me dice que él trabaja allí pero que en realidad es ingeniero aeronáutico, lo que me parece fascinante. Charlamos un rato y no tarda en preguntarme de dónde soy.

“De Barcelona, pero vivo en Madrid”, respondo. Y él sonríe: “you’re Catalan”. Yo le digo que sí, claro, y él me recomienda que visite el Restaurante Bastión. Resulta que el edificio en el que está fue conocido durante mucho tiempo como “la casa del catalán”.

La coincidencia me hace gracia y además ya es hora de comer, así que me dirijo hacia el Bastión de los Carniceros. No tardo en encontrar el restaurante justo al lado (de ahí su nombre).

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Como viene siendo habitual desde que puse los pies en Rumanía, pido demasiada comida. Pruebo una sopa de remolacha, un goulash transilvano que casi me hace perder el sentido (foto), postre, vino y café.

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Os preguntaréis por qué os estoy contando todo esto y qué coño tiene que ver con #EmilyXaver. Ahora lo entenderéis.

Tras pedir la cuenta (todo por 6 euros, maricón), hablo con el camarero sobre el motivo que me ha llevado al restaurante. Me cuenta que efectivamente allí solía vivir una familia que, al parecer, tenía origen catalán.

No sabe decirme nada más. Cuando sus padres compraron la casa, ya en los años 90, el edificio estaba casi en ruinas, aunque conservaba algunos objetos de los antiguos propietarios.

Entre ellos, algunos muebles, enseres de cocina y cuadros y tapices que están repartidos por las dos plantas del edificio. Me pregunta si quiero verlos y me lleva al piso de arriba.

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En la escalera y la sala superior hay algunos cuadros. La mayoría son óleos sin firmar. Estampas amateurs de Sighisoara pintadas por autores anónimos. Uno de ellos llama poderosamente mi atención.

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Es una calle cualquiera de Sighisoara, con la torre del reloj al fondo, algo lúgubre, con un arbol medio muerto. Examino sus detalles y de repente, se me para el corazón.

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En la esquina inferior izquierda, el pintor ha firmado con su nombre. Primero pienso que me engañan los ojos, pero ahí dice claramente “X. Sunyer”.

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Y de repente la tumba de #EmilyXaver vuelve a mi mente. Y visualizo el nombre de Xaver. Sumer. Sumer con un palito encima, algo que ya me pareció raro la primera vez que lo vi.

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Y me pregunto si esa M originalmente era una N. ¿Y si Sumer era en realidad Suñer? ¿Y si Xaver Sumer era una germanización de un nombre catalán como Xavier Sunyer? ¿Era posible o se me estaba yendo la olla pero bien?

No tardo en salir de dudas. Bajo el cuadro está toda la información que necesito. El nombre del autor... y el título de su obra.

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Emil’s room. La habitación de Emil. La casa que Xaver Sumer pintó era el hogar de Emil Muler. Y en el centro del lienzo, su ventana. Una ventana que significó tantas cosas, que tuvo que inmortalizarla en un lienzo.

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No puedo evitar emocionarme. Ese cuadro es la prueba de que #EmilyXaver se conocieron antes de la guerra. Xaver lo pintó es de 1913, cuando Emil ya se había ido a la universidad de Múnich.

Estaba claro que si quería más respuestas tenía que buscar esa casa. Y por mis huevos que iba a encontrarla.

¡Buenas tardes! Aprovecho el domingo para retomar el hilo sobre #EmilyXaver, ya que empezáis a ser muchos los que estáis deseando conocer el desenlace de la historia. ¡Allá vamos!

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Nos habíamos quedado ante este cuadro pintado por Xaver Sumer (¿o Xavier Sunyer?) en 1913 titulado “La habitación de Emil”. Mi objetivo inmediato era encontrar esa casa.

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Le pregunto al camarero si reconoce la calle. El chico examina el cuadro un buen rato y acaba diciendo algo muy útil: “podría ser cualquiera”. ¿En serio?

Para que os hagáis una idea, aquí tenéis un mapa del centro de Sighisoara (¡gracias, Google Maps!). He marcado en negro los lugares que ya conocemos.

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Lo único que está claro es que la casa está dentro de la ciudadela medieval de Sighisoara a juzgar por la proximidad de la Torre del Reloj que se ve al fondo.

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La torre es de planta rectangular y en el cuadro se ve una de las dos fachadas anchas. Por consiguiente deduzco que la casa tiene que estar al norte o al sur de la misma, más o menos en estas áreas.

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Os tengo que confesar que en ese momento mi esperanza de encontrar la casa es CERO. La ciudadela no es grande, pero habrá cambiado mucho en un siglo. ¿Seré capaz de reconocerla si la veo?

Además está empezando a atardecer y en unas horas tengo que pillar el bus de vuelta a Târgu Mures (os recuerdo que lo de Sighisoara era una escapada de un día, ¡que yo he venido a Rumanía a currar!).

Recorro todo el area norte sin éxito. Mucha calle mona, pero ninguna sola, casas de colores, lo pasaré bien (ay no, que esto es de Mecano, me lío).

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Empiezo a desesperarme. Y entonces me asalta una idea terrible. ¿Y si la casa ni siquiera existe? La mitad de la ciudad estuvo medio en ruinas durante décadas. ¿Qué posibilidades reales hay de que el hogar de Emil Muler se mantenga en pie?

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