Published: November 29, 2018
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Por fin he puesto cara a los dos soldados. Coloco sus fotografías una al lado de la otra. La mirada de ambos se clava en la mía. Y a través del espacio y el tiempo, me parece ver en ellos una súplica común: “cuenta nuestra historia o jamás existiremos.”

Image in tweet by Guillem Clua

Lamentablemente no encuentro más fotos suyas. Hay algunas instantáneas más del frente, soldados anónimos hundidos en el barro de las trincheras, momentos de descanso sin rastro alguno de felicidad, oficiales de grandes bigotes y uniformes impolutos…

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Y es gracias a ellas y a las anotaciones en sus reversos que me doy cuenta de que Emil y Xaver lucharon en destinos diferentes. Xaver fue mandado al norte, al frente de Varsovia, mientras Emil defendía las posiciones transilvanas contra Serbia.

Entre 1914 y 1915, año en el que Emil vuelve herido a Sighisoara, los dos chicos no coincidieron jamás. Y cada vez entiendo menos lo que ocurrió. Si ni siquiera lucharon juntos, ¿por qué los enterraron juntos?

Tengo la sensación de que vuelvo a estar en otro callejón sin salida. Creía que las fotos me darían más respuestas, pero no ha sido así.

Me dispongo a guardar las fotos en su sitio y cruzo una última mirada con los dos soldados: “lo siento, chicos, os he fallado.”

Agarro todos los montones de imágenes para meterlas en el maletín, pero me detengo. Una frase retumba en mi cerebro: “cuenta nuestra historia o no existiremos.” ¿Realmente es ese el destino que quiero para Emil y Xaver?

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¿No se borró su historia ya una vez, como les ocurrió a millones de otros soldados que descansan bajo el suelo de todo el continente? No era justo que yo les abandonara de nuevo en esa tumba de olvido.

Por eso me pongo a repasar las fotos una a una de nuevo. Las antiguas y las modernas. Todas. Analizo cada cara, cada detalle, cada momento… hasta que doy con esta imagen de los años 50. Dos hombres frente a un retrato.

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No tengo ni idea de quiénes son, pero lo que me llama la atención no son ellos, ni el hombre del cuadro, sino algo que hay al fondo. ¿Os suena?

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Aquí tenéis un plano más cercano.

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Reconozco el cuadro de Xaver al instante.

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Y las preguntas vuelven. ¿Qué hace ese cuadro allí? ¿Por qué lo tenían esos hombres? ¿No había estado siempre ese cuadro en el Restaurante Bastion, “la casa del catalán”? La cabeza me explota.

Corro escaleras abajo buscando a Dorothea y blandiendo la foto como si me quemara en las manos. Ella reconoce a uno de ellos al instante. Es Hermann Balan. Fue alcalde de Sighisoara en los años 50, dice.

¿Hermann Balan? El nombre me suena terriblemente. ¿Dónde he oído yo antes ese nombre? Y de repente veo la luz.

¿Os acordáis de estos tuits?

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Pues parece que al final Hermann nosequé sí que va a pintar algo en esta historia.

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Hermann fue amigo de Emil en el instituto. Y probablemente también de Xaver. Y por si os lo estáis preguntando, sí, su familia sigue viviendo en la ciudad.

“¿Quieres que les llame?”, pregunta Dorothea. Y no hace falta que responda. Ella ya tiene el teléfono en la mano.

Camino por las calles de Sighisoara guiado por Dorothea. No hablamos. Lo único que rompe el silencio de esa gélida mañana de sábado es el crepitar de nuestras pisadas sobre la nieve.

Nos dirigimos a la plaza principal de la ciudadela. Allí vive Alina Balan, nieta de Hermann Balan, el que fuera alcalde en los años 50 y compañero de instituto de #EmilyXaver antes de la Gran Guerra.

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Dorothea se detiene delante de una de las mansiones y llama a la puerta. Enseguida aparece una oronda mujer de sesenta años de mejillas sonrosadas que parece salida de un cuento de los Hermanos Grimm.

Alina y Dorothea se ponen a charlar en rumano con esa complicidad que solo tienen las amigas de toda la vida. Adivino palabras sueltas: “casa catalanului”, “Emil”, “Xaver”, “prieteni”.

“Prieteni” significa “amigos”, ¿recordáis?

Alina me mira con una sonrisa de oreja a oreja y me hace pasar. No habla ni una palabra de inglés, pero no hace falta. Está claro que está feliz de ayudarme.

Recorremos los pasillos de la mansión, llenos de cuadros, iconos e imaginería religiosa. Dorothea me va traduciendo las explicaciones de su amiga: cuando su abuelo volvió de la guerra se aficionó a coleccionar arte.

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Los primeros cuadros que obtuvo eran de artistas de la región. Y sí, entre ellos tenía un cuadro de Xaver Sumer. Por alguna razón, era el cuadro más querido por Hermann Balan. Y allí estaba. En un lugar privilegiado del lujoso salón.

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De nuevo tenía delante el cuadro de la ventana de Emil. ¿Cómo era posible que hubiera dos cuadros iguales? Le comento a Alina que ayer vi uno igual en el Restaurante Bastion. Ella vuelve a adoptar la sonrisa de abuelita de Caperucita y dice: “no son iguales.”

Efectivamente, cuando me acerco a examinarlo me doy cuenta. Los colores del cuadro son distintos. Y en la ventana de Emil se adivina una silueta. Y no solo eso. La fecha del cuadro es de 1916.

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1916. Tres años después del primer cuadro. Un año después de que Emil volviera del frente. El año en el que Emil murió.

No entiendo nada. ¿Por qué volvió a pintar el cuadro con Emil en la ventana? Y Alina responde que no solo pintó ese. Pintó muchos más, pero se han perdido.

Alina nos invita a sentarnos. La historia que se dispone a contarnos va a ser larga. Y va a estar llena de respuestas.

Efectivamente, #EmilyXaver se conocieron en el instituto. Los dos eran amigos íntimos de Hermann Balan. Los tres chicos eran inseparables. Pero la amistad de Emil y Xaver era especial. Así lo dice. Especial. Y lo dice con cierta ternura que agradezco.

Los chicos estaban a punto de terminar el instituto hacia 1912 y Hermann notaba que sus dos amigos se iban distanciando de él. El pobre no entendía por qué. Hasta que un día lo descubrió, lo contó a sus padres y la noticia no tardó en llegar a las familias de Emil y Xaver.

Así fue como Herr Muler decidió mandar a Emil a estudiar a Munich, mientras Xaver se quedó en Sighisoara pintando su ventana vacía.

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Xaver juró a Hermann que jamás le perdonaría lo que le había hecho.

Pero entonces ocurrió algo que nadie esperaba. En verano de 1914 Gavilo Princip asesinaba al archiduque Franz Ferdinand y a su esposa en Sarajevo y estallaba la I Guerra Mundial.

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Hermann, Emil y Xaver se fueron al frente y perdieron todo contacto… Hasta que Emil volvió herido en 1915. Alina me cuenta que su estado era delicado. Sus pulmones habían quedado afectados por el efecto de una bomba de cloro. Quedó postrado en la cama.

La noticia llegó a Xaver, que aún estaba en el frente. El chico hizo todo lo posible por volver a verle antes de que Emil muriera, pero no fue relevado hasta mediados de 1916.

Lo primero que hizo Xaver al poner los pies en Sighisoara fue plantarse en casa de Emil, pero sus padres no le permitieron verle. Ni ese día ni nunca más. Le ocultaron a su hijo que había vuelto…

Y por eso Xaver se plantó en la esquina bajo la ventana de Emil. Iba allí cada día y se pasaba horas con la esperanza de que Emil tuviera fuerzas para levantarse de la cama, mirar al exterior y verle. Y para entretenerse, pintaba el mismo cuadro una y otra vez.

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