Published: April 6, 2025
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Los incels —abreviatura de involuntary celibates, o “célibes involuntarios”— son, en principio, hombres (aunque hay excepciones) que se definen como incapaces de tener relaciones sexuales o afectivas con mujeres, a pesar de desearlo. Pero eso es solo la capa superficial.

Porque lo que empezó como un término para describir una situación personal se ha convertido en uno de los movimientos más oscuros y peligrosos de Internet. Y lo es, no porque estén tristes por no ligar, sino por cómo explican su situación y a quién responsabilizan por ella.

Los incels no dicen “me cuesta conocer gente, me siento solo, tengo inseguridades que quiero trabajar”. No.

Su discurso suele ir por otro lado: “las mujeres solo quieren a tíos guapos y ricos”, “los feos estamos condenados”, “el sistema está amañado en nuestra contra”, “los hombres buenos como yo no ligan porque las mujeres prefieren a los cabrones”.

Es una narrativa victimista, rencorosa, profundamente misógina y muy peligrosa, porque deshumaniza a las mujeres y las convierte en culpables del sufrimiento ajeno. Y esto no es solo teoría.

Hay foros enteros (como los que han sido cerrados en Reddit o en otros rincones turbios de la red) donde se alimenta el odio. Donde se legitiman discursos violentos, donde se celebra la agresión, donde se fantasea con la venganza.

Gente que se retroalimenta con su frustración y construye su identidad desde el resentimiento. Algunos casos extremos han acabado en atentados, agresiones y asesinatos. Así de jodido es. Además, hay una romantización encubierta del sufrimiento.

Muchos incels no quieren ayuda, no buscan cambiar, no se cuestionan nada. Se victimizan mientras se sienten superiores moralmente por no formar parte de “la superficialidad del mundo”.

Y ahí está el peligro: un tío frustrado que no acepta un “no” puede ser molesto; pero un colectivo de tíos frustrados convencidos de que tienen derecho al cuerpo de las mujeres… es terrorismo psicológico y social.

Este movimiento también es un síntoma de algo más profundo: la falta de educación emocional en los hombres, la ausencia de modelos de masculinidad sanos, el culto al victimismo sin responsabilidad.

En vez de hablar de afectividad, autoestima, habilidades sociales o vulnerabilidad, se refugian en la culpa externa, en la cosificación y en el odio. Así que sí, los incels son peligrosos. No solo por lo que dicen, sino por lo que pueden llegar a hacer.

Porque cuando conviertes tu dolor en violencia, cuando te juntas con otros que piensan igual, cuando creas un ecosistema donde culpar a otros por tu sufrimiento es la norma… lo que tienes es una bomba. Y ya ha explotado más de una vez.

Por eso hay que dejar de tratarlos como “pobres chicos que no ligan” y empezar a llamarlos por lo que son cuando cruzan ciertas líneas: propagadores de odio. Y eso no tiene nada de inocente. Ni de justificable. Ni de inofensivo.

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