Llama la atención que la ciencia se vea atacada precisamente hoy, cuando ha alcanzado niveles de fiabilidad y precisión con los que antes no podíamos ni soñar. Os lo ilustro con ejemplos arqueológicos. Hilo:->
1. Hoy podemos fechar con exactitud increíble períodos remotos de la prehistoria gracias a los avances en la calibración del carbono 14 y los análisis bayesianos. Hay contextos en los que sabemos qué hicieron nuestros ancestros con definición de años.
2. Gracias a los estudios de paleogénetica podemos conocer los vínculos de parentesco entre distintas personas enterradas en una cementerio. O saber la especie a la que pertenecía un homínido del que no conservamos huesos, como pasó con los denisovianos de hace 50.000 años.
3. Por las huellas en la cerámica somos capaces de decir si la fabricó un hombre o una mujer, un adulto o un niño.
4. Los análisis químicos pueden revelar la procedencia de objetos poco diagnósticos, como las cuentas de vidrio de hace dos milenios. Y descubrirnos que viajaron ocho o nueve mil kilómetros.
5. La genética nuevamente nos ayuda a saber si una persona murió de peste bubónica o por otra causa en el siglo XIV. Y determinar si determinadas enfermedades llegaron a América antes o después de los europeos.
6. Podemos analizar el sarro de los dientes y saber qué comía la gente en el Paleolítico superior hace 20.000 años.
7. Los análisis de isótopos estables nos dicen si la gente consumía más o menos carne, qué tipo de cereales y si migraron o no se movieron del sitio.
8. También podemos analizar los dientes para saber cuándo se destetaba a los niños en época bizantina, si era antes o después que en época romana y saber cómo eso afectaba a la mortalidad infantil.
9. Sabemos cuánto llovía en el Sáhara hace 5000 años y la vegetación que había por los análisis de polen. Sabemos cómo se desertificó y a dónde se marchó la gente.
10. Y cuándo se consumió por primera vez el cacao. O en cuántos sitios a la vez se domesticó el arroz de forma independiente.
11. Sabemos exactamente cómo los sacerdotes aztecas extraían el corazón del pecho de sus víctimas, analizando las huellas de obsidiana en los huesos del tórax de los sacrificados.
12. Y cómo creció la polución por plomo en el Imperio romano mediante el estudio de muestras de hielo de Groenlandia.
13. O cuántas partes por millón de C02 había en la atmósfera hace 50.000 años con muestras de hielo de la Antártida. O cuándo empezaron y acabaron las glaciaciones. Y en qué períodos llovió más o menos en los últimos 10.000 años.
14. Sabemos si para realizar pinturas rupestres se utilizó cera o miel de abejas. Y podemos fechar pinturas de hace decenas de miles de años usando unos pocos miligramos de pigmento.
15. Y analizando el filo de un útil de piedra podemos decir si se empleó para curtir cuero, afilar madera o cortar carne.
16. Sabemos si en un molino de piedra neolítico se molió grano o tubérculos o bellotas. Y qué se cocinó en una cerámica de la Edad del Hierro.
Y podría seguir así indefinidamente, pero la idea es esta: si la ciencia permite saber tantas cosas en un campo tan poco prioritario y tan mal financiado como la arqueología ¿os imagináis que pasa cuando hablamos de biomedicina, climatología o ciencias de la Tierra?
Y no se trata solo de que sepamos más, sino que somos más conscientes de los problemas que entraña la producción del conocimiento científico, de nuestros sesgos y lagunas. ¿Es perfecta la ciencia? Ni mucho menos. Pero es la mejor forma de producir conocimiento de que disponemos.
Podéis confiar en las personas que dedican muchos años de su vida a esta forma de conocimiento contrastada, reglada y supervisada. O podéis confiar en el tipo sin formación que hace vídeos de tiktok sobre cualquier cosa. Vosotros veréis.


















