Published: June 2, 2025
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Llama la atención que la ciencia se vea atacada precisamente hoy, cuando ha alcanzado niveles de fiabilidad y precisión con los que antes no podíamos ni soñar. Os lo ilustro con ejemplos arqueológicos. Hilo:->

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1. Hoy podemos fechar con exactitud increíble períodos remotos de la prehistoria gracias a los avances en la calibración del carbono 14 y los análisis bayesianos. Hay contextos en los que sabemos qué hicieron nuestros ancestros con definición de años.

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2. Gracias a los estudios de paleogénetica podemos conocer los vínculos de parentesco entre distintas personas enterradas en una cementerio. O saber la especie a la que pertenecía un homínido del que no conservamos huesos, como pasó con los denisovianos de hace 50.000 años.

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3. Por las huellas en la cerámica somos capaces de decir si la fabricó un hombre o una mujer, un adulto o un niño.

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4. Los análisis químicos pueden revelar la procedencia de objetos poco diagnósticos, como las cuentas de vidrio de hace dos milenios. Y descubrirnos que viajaron ocho o nueve mil kilómetros.

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5. La genética nuevamente nos ayuda a saber si una persona murió de peste bubónica o por otra causa en el siglo XIV. Y determinar si determinadas enfermedades llegaron a América antes o después de los europeos.

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6. Podemos analizar el sarro de los dientes y saber qué comía la gente en el Paleolítico superior hace 20.000 años.

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7. Los análisis de isótopos estables nos dicen si la gente consumía más o menos carne, qué tipo de cereales y si migraron o no se movieron del sitio.

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8. También podemos analizar los dientes para saber cuándo se destetaba a los niños en época bizantina, si era antes o después que en época romana y saber cómo eso afectaba a la mortalidad infantil.

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9. Sabemos cuánto llovía en el Sáhara hace 5000 años y la vegetación que había por los análisis de polen. Sabemos cómo se desertificó y a dónde se marchó la gente.

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10. Y cuándo se consumió por primera vez el cacao. O en cuántos sitios a la vez se domesticó el arroz de forma independiente.

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11. Sabemos exactamente cómo los sacerdotes aztecas extraían el corazón del pecho de sus víctimas, analizando las huellas de obsidiana en los huesos del tórax de los sacrificados.

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12. Y cómo creció la polución por plomo en el Imperio romano mediante el estudio de muestras de hielo de Groenlandia.

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13. O cuántas partes por millón de C02 había en la atmósfera hace 50.000 años con muestras de hielo de la Antártida. O cuándo empezaron y acabaron las glaciaciones. Y en qué períodos llovió más o menos en los últimos 10.000 años.

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14. Sabemos si para realizar pinturas rupestres se utilizó cera o miel de abejas. Y podemos fechar pinturas de hace decenas de miles de años usando unos pocos miligramos de pigmento.

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15. Y analizando el filo de un útil de piedra podemos decir si se empleó para curtir cuero, afilar madera o cortar carne.

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16. Sabemos si en un molino de piedra neolítico se molió grano o tubérculos o bellotas. Y qué se cocinó en una cerámica de la Edad del Hierro.

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Y podría seguir así indefinidamente, pero la idea es esta: si la ciencia permite saber tantas cosas en un campo tan poco prioritario y tan mal financiado como la arqueología ¿os imagináis que pasa cuando hablamos de biomedicina, climatología o ciencias de la Tierra?

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Y no se trata solo de que sepamos más, sino que somos más conscientes de los problemas que entraña la producción del conocimiento científico, de nuestros sesgos y lagunas. ¿Es perfecta la ciencia? Ni mucho menos. Pero es la mejor forma de producir conocimiento de que disponemos.

Podéis confiar en las personas que dedican muchos años de su vida a esta forma de conocimiento contrastada, reglada y supervisada. O podéis confiar en el tipo sin formación que hace vídeos de tiktok sobre cualquier cosa. Vosotros veréis.

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