Published: June 15, 2025
1
17
65

Antes de los emoji y los WhatsApp, las maldiciones se escribían en plomo y se enterraban con los muertos. Con aquellos oscuros mensajes se pedía venganza a los dioses en la Antigüedad. Así nacieron las tablas de maldición. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Antes de continuar, si te gustan las historias de emprendimiento, innovación y de personas que han cambiado el mundo, suscríbete a mi newsletter en https://www.ivanfernandezamil.... y hazte con mis 3 libros de "Historias de Galicia que nadie te había contado" en https://www.ivanfernandezamil....

En la antigua Grecia y Roma, no hacía falta ser sacerdote para invocar a los dioses, tan solo necesitabas una tablilla de plomo, un punzón y rabia. Por amor, por dinero, por celos, por deporte... Sí, por deporte también.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Estas tablillas se conocen como defixiones y eran textos breves, grabados a mano en metal blando, normalmente plomo. Se doblaban, se perforaban y se ocultaban en tumbas, pozos o santuarios subterráneos y, cuanto más cerca del inframundo, mejor funcionaban.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Las más antiguas datan del siglo V antes de Cristo y se han encontrado miles, desde Egipto hasta Hispania. Los dioses a los que iban dirigidas solían ser los más oscuros: Hades, Perséfone, Hermes del mundo subterráneo, o demonios sin nombre.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Y no se les pedía justicia, se les pedía daño directo Algunas eran peticiones muy concretas: “Que se le caigan los dientes a Marco” “Ojalá se equivoque en todas sus apuestas” “Que su lengua se hiele cuando intente hablar en el juicio”

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Eran pequeñas bombas mágicas de rencor personal. En los circos romanos era habitual lanzar tablillas para maldecir al auriga rival, en los tribunales, para que el oponente no pudiera defenderse y en el amor, para que una persona se entregase o sufriera eternamente por uno.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Una de las más famosas se encontró en Bath, Reino Unido, en un santuario romano. Decía: “A quien haya robado mi guante, que no duerma, ni coma, ni ame, hasta que lo devuelva. Que sus huesos se pudran y su alma se pierda...” Y todo por un guante.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

En Grecia, muchas iban dirigidas a Eros o Afrodita, pero en su forma más tenebrosa, no como dioses del amor, sino del deseo incontrolable, una especie de Tinder infernal con cláusulas eternas.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Se han hallado tablillas en Mérida, en Lugo o en Córdoba, escondidas en tumbas de niños, enterradas con clavos e incluso atadas a muñecos de cera, porque el ritual importaba tanto como el texto u cuanto más truculento, más eficaz se creía.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Con el auge del cristianismo, muchas de estas prácticas fueron condenadas, pero otras sobrevivieron disfrazadas de oraciones, conjuros, rezos "apócrifos"... y ese deseo humano de que al otro le vaya mal nunca desapareció del todo.

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Hoy, las tablillas de maldición nos parecen supersticiones primitivas, pero basta leer una con calma para entender que no han cambiado tanto, solo cambiaron el plomo por X, Facebook o WhatsApp, y los dioses por abogados...

Image in tweet by Iván Fernández Amil

Si te ha gustado suscríbete a mi newsletter en http://ivanfernandezamil.com junto a +7.000 suscriptores, sígueme y recuerda hacer RT del primer tuit para poder seguir escribiendo #LoshilosdeIVAN. Hazte con mis libros aquí: http://ivanfernandezamil.com/l...

Share this thread

Read on Twitter

View original thread

Navigate thread

1/13