La idea de que el universo carece de propósito se refuta de una forma tan simplona que resulta hasta cómico el hecho de que pretendan defenderla: ¿las cosas tienen límite? Si la respuesta es que no entonces debemos revisarnos la cabeza puesto que si no tienen límite entonces
cualquier cosa puede y debe ser cualquier cosa, y no vemos eso, no vemos un vaso o una computadora extendiéndose hasta el infinito o ocupando todo el espacio existente; entonces la respuesta a la pregunta es que no: las cosas sí tienen límite, ¿qué nos dice esto?
Si las cosas tienen un límite eso quiere decir que toda su identidad está condicionada a manifestarse de una forma específica la cual corresponde a su respectiva identidad, responderá a todo conforme se mantenga tal cual es y derivado de ello se implica que su presencia
está sujeta a condicionantes tanto espaciales, como identitarios, como mecánicos, como activos, al tener todos estos límites se implica además un límite relacional entre las cosas con las cuales pueden interactuar los entes y de tal limitación se establece una teleología
la cual le dota de una inercia y de un ímpetu específico y único a tal y cual identidad, lo que implica pues que por el simple hecho de poder moverse algo, tal movimiento ya implica una teleología relacional la cual revela que no hay cosa que exista que no tenga un propósito
ustedes liberalistas y su relativismo no tienen absolutamente nada que hacer contra la escolástica y su infinita superioridad predicamental, ahora bien: si luego me van a salir por la tangente con un argumento de corte kantiano
se los regreso: si el orden es mental entonces su ideación de tal como algo mental también lo es, y tanto una cosa como la otra carecen de capacitancia predicamental para refutar o confirmar nada, todo se convierte en un percepcional-centrismo y regresamos otra vez a Berkeley.
