Hoy se cumplen 94 años de la aprobación del voto femenino en España. Su protagonista fue Clara Campoamor (1888-1972). Dentro hilo: 🧵
El 1 de octubre de 1931, el Congreso de los Diputados debatía la inclusión del sufragio femenino en la Constitución que vería la luz en diciembre de aquel año. Por entonces, en España las mujeres sólo tenían derecho al sufragio pasivo (ser votadas), pero no activo (poder votar).
De hecho, en los 470 diputados que formaban las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española sólo había tres mujeres: Victoria Kent (PRRS), Margarita Nelken (PSOE) y Clara Campoamor (PRR).
Sólo fue la liberal Clara Campoamor quien se opuso a las otras dos diputadas y defendió el sufragio femenino. Consideraban Kent y Nelken que las mujeres no estaban preparadas para acudir a las urnas porque votarían a la derecha, al estar influenciadas por la Iglesia y el marido.
«Poner un voto en manos de la mujer es hoy, en España, realizar uno de los grandes anhelos del movimiento reaccionario», declaró Margarita Nelken, del PSOE.
Pero sus colegas del Partido Radical tampoco estaban por la labor, ni la derecha en general. Campoamor intentó convencerlos: «Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho».
De aquellos 470 diputados, 161 votaron a favor, 121 en contra y hubo 188 abstenciones. En la izquierda, los 104 votos a favor quedaron repartidos de este modo: PSOE (84 votos), ERC (8), ORGA/FRG (6), Alianza Republicana (3), PRRS (2) y Unión Socialista de Cataluña (1).
Y así los 40 en la derecha: Derecha Liberal Republicana (17), Partido Agrario (7), PNV (4), Comunión Tradicionalista (4), PRR (2), Agrario independiente (2), independiente fuerista (1), Agrario católico (1), Liga de Cataluña (1) y Partido Republicano Liberal Democrático (1).
Los votos restantes fueron repartidos de forma muy diversa ideológicamente entre los demás partidos del espectro. Por su parte, cabe destacar que Margarita Nelken (PSOE) no votó porque en ese momento no tenía aún el acta de parlamentaria.
Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y el socialista Indalecio Prieto se opusieron, mientras que Manuel Azaña y, por otro lado, el Partido Radical se abstuvieron o no acudieron. La izquierda antepuso sus intereses partidistas y la derecha liberal dejó sola a su compañera.
A pesar de izquierda y la derecha, el voto femenino salió adelante. Así quedaría redactado el artículo 36 de la Constitución de 1931: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes».
Dos meses después, se presentaron numerosas enmiendas, como las del diputado Hilario Ayuso Iglesias (Partido Republicano Federal), quien propuso que los hombres sí votasen a partir de los 23 años, pero las mujeres a los 45.
Matías Peñalba y, nuevamente, Victoria Kent presentaron una disposición para que las mujeres votasen en unas elecciones generales, siempre y cuando lo hubieran hecho dos veces antes en unas municipales. Pero la proposición fue rechazada por cuatro votos de diferencia.
En las elecciones generales de 1933, las primeras en España que votaron las mujeres, ganó la CEDA. Clara Campoamor fue marginada por el Partido Radical de Lerroux y estigmatizada por la izquierda, que la culpaba de perder los comicios. Tampoco obtuvo el escaño y quedó aislada.
La madrileña abandonaría Madrid en 1936 tras el estallido de la Guerra Civil, y el empuje de hunos y otros que no la tenían en muy alta estima. Se exilió en Suiza, donde trabajó en un bufete de abogados, y también se desempeñó como traductora en Buenos Aires.
Tras perder la vista, falleció de cáncer el 30 de abril de 1972 en Lausana (Suiza) a los 84 años. La dictadura franquista no permitió que fuese enterrada en España, de modo que sus cenizas tuvieron que ser trasladadas de forma clandestina al cementerio de San Sebastián.
















