Capítulo 118: “El peso de todo” (Obviamente mucho spoiler) Estoy llorando de nuevo. Como la primera vez que leí este capítulo, y como la segunda, en la tercera la emoción me desborda una vez más porque se que estoy leyendo palabras que me marcaron de por vida.
Este capítulo me duele por todos lados. Me emociona en el más profundo de los sentidos. Es una conexión que no tuve nunca antes con ninguna obra de arte en mi vida. Me lleva instantaneamente a esa calurosa noche de Diciembre en la que me sumergía en este libro mientras sanaba.
De quién siempre se espera todo, hoy no puede. El que nunca te falla, hoy lo hace. Y como al barco que se enfrenta a olas imposibles en una tormenta en el mar, no le podemos recriminar nada. Es más humano por su falla que por su resiliencia.
Los aliados improbables se enfrentan juntos a la perdición. Quien por la hoja vive está a punto de morir literalmente por ella, y arrastrará a la obradora de milagros con el.
La piedad fraternal, el amor le gana al raciocinio. Y por alguna razón, eso nos da esperanzas.
Y yo, como Dalinar, me enfrento a todos los recuerdos de un momento jodido de mi vida. Quizás uno de los más dolorosos, de esos en los que todas las memorias duelen. Quiero que intenten, aunque sea imposible pensar lo que se me pasó por la cabeza cuando leí esto por vez primera.
“«El paso más importante que puede dar alguien. No es el primero, ¿verdad?» «Es el próximo. Siempre el próximo paso, Dalinar.» Temblando, sangrando, agónico, Dalinar obligó al aire a entrar en sus pulmones y dijo una sola y rasposa frase: —No puedes tener mi dolor.”
Quedan 5 días de Juramento.




