Si miras el cielo en un cuadro del Renacimiento, verás que el azul es escaso, porque era muy caro. Pero si miras un mural egipcio de hace 4.000 años, el azul está en todo, porque ellos tenían un secreto: el primer pigmento sintético de la historia humana. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
El color azul es rarísimo en la naturaleza. Pocas plantas o piedras lo tienen de forma estable y quizá por eso, los antiguos egipcios estaban obsesionados con el color del Nilo y del cielo, así que, como no podían encontrarlo, decidieron inventarlo.
Así fue como hace unos 4.500 años, crearon el "Azul Egipcio", una proeza química. Para ello calentaban una mezcla precisa de arena (sílice), cobre (malaquita), cal y natrón (la sal divina de los egipcios) a unos 900°C.
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El resultado era un material cristalino de un azul brillante intenso que luego molían para hacer pintura. Era barato de producir, estable y no se degradaba con el sol, por ello se le considera el "plástico" del mundo antiguo, quizá la primera sustancia artificial de la historia.
Los romanos copiaron la receta (lo llamaban caeruleum Aegyptium) y lo usaron profusamente en los frescos de Pompeya, pero cuando el Imperio Romano cayó, la receta exacta se perdió.
Durante la Edad Media, el secreto desapareció y los artistas tuvieron que volver a usar lapislázuli molido, una roca que era más cara que el oro y que provenía de Afganistán. Por ello, el arte se volvió más oscuro y el azul, un lujo de reyes.
No fue hasta el siglo XIX, con las excavaciones en Pompeya y Egipto, que los científicos redescubrieron el pigmento y analizaron su composición química para entender cómo lo hacían, pero la historia tiene un giro moderno increíble.
Porque en 2009, un grupo de científicos que investigaban el Azul Egipcio con infrarrojos descubrieron algo que los faraones nunca supieron, que este pigmento tiene una propiedad cuántica única.
Resulta que, cuando absorbe luz visible, emite luz en el espectro infrarrojo cercano. Es decir, brilla de forma invisible para el ojo humano, pero de una manera muy potente para las cámaras.
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Esta propiedad lo convierte en un material perfecto para la tecnología moderna y se está estudiando su uso para telecomunicaciones, biomedicina (para ver dentro del cuerpo) y tintas de seguridad invisibles.
Incluso se investiga para enfriar edificios. Como emite energía en forma de luz infrarroja en lugar de calor, un techo pintado con Azul Egipcio se mantendría mucho más fresco bajo el sol.
Es alucinante pensar que los egipcios crearon el pigmento solo por estética y espiritualidad, sin saber que estaban sintetizando un material con propiedades fotofísicas avanzadas.
Así fue como un color que nació en los hornos de los faraones podría acabar en los microchips y los hospitales del siglo XXI. Todo gracias a una tecnología perdida que tardamos 1.500 años en redescubrir...
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