Byung Chul Han habla de "la sociedad del cansancio" porque, según él, vivimos en un modelo donde ya no necesitamos a nadie que nos oprima desde fuera. Ya nos explotamos solos. Y eso, psicológicamente, es devastador. Te lo explico:
Antes el problema era la prohibición. No podías. No debías. Ahora el mensaje es justo el contrario: puedes con todo. Sé productivo, sé feliz, sé creativo, cuídate, rinde más, mejórate, optimízate. Y claro, cuando no llegas, el fallo parece tuyo.
En este modelo no hay un jefe gritando constantemente. Hay algo peor: una autoexigencia permanente. Te conviertes en tu propio vigilante. Si estás cansado, piensas que te falta disciplina. Si no llegas, que no te esfuerzas lo suficiente. Si te hundes, que no sabes gestionarte.
El sistema sale limpio. La culpa recae sobre ti. Esto genera un tipo de agotamiento muy particular. No es solo cansancio físico. Es cansancio mental y emocional. Saturación. Dificultad para concentrarte. Sensación de ir siempre tarde. De no descansar nunca de verdad.
Aunque pares, la cabeza sigue funcionando. Porque parar también parece una tarea más que hay que hacer bien. Desde una mirada psicológica, esto tiene mucho sentido.
Cuando el entorno te empuja constantemente a rendir, a mejorar y a no fallar, el sistema nervioso se mantiene activado. No hay pausa real. No hay cierre. Todo es proyecto, incluso tú. Tu cuerpo acaba pagando la factura en forma de ansiedad, insomnio, apatía o depresión.
Han dice que esta sociedad no produce rebeldes, produce agotados. Personas que no luchan contra el sistema porque están demasiado cansadas para hacerlo. Y personas que no se sienten oprimidas, sino insuficientes. Ese es el truco.
La sociedad del cansancio no te dice que no vales. Te dice que podrías valer más si te esforzaras un poco más. Y ese “un poco más” nunca se acaba. Por eso tanta gente vive exhausta sin saber muy bien por qué. El problema no es que seas débil.
El problema es que el ritmo es inhumano. Y mientras sigamos tratando el cansancio como un fallo individual en vez de como una consecuencia lógica del contexto, seguiremos pidiendo terapia para adaptarnos a algo que quizá debería cambiar.
No estamos cansados porque no sepamos organizarnos. Estamos cansados porque hemos convertido la vida en una carrera constante sin línea de meta. Y ningún organismo aguanta eso sin romperse por algún lado.
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